sábado, 14 de diciembre de 2019


AUTODESTRUCCIÓN DE UN PAÍS
Implosión Nefasta de Nuestra Sociedad

Por Rafael Cristóbal Aponte Ávila                                                             cristobin221962@gmail.com
                                                                        
Para nadie, en Venezuela y el mundo, es un secreto la situación que vive nuestro país desde el punto de vista económico, social y político, lo que ha llevado al realce de la creatividad organizativa de los ciudadanos que estamos y estaban en él, para la subsistencia. El ingenio ha prevalecido frente a tal adversidad, cosa que no es un problema en condiciones favorables para la evolución social desde el autodesarrollo aplicado al contexto donde se habita o se ejercen los variados desempeños, públicos y privados.
Esa situación no nos ciega, al contrario, da luces como alternativas de salida a escenarios difíciles para ganarle a la vida, en la recuperación de espacios para hacer andar una patria; sin embargo, lamentablemente, ha ocurrido todo lo contrario propiciando la crisis más fuerte en toda nuestra historia, según los especialistas en la materia, perdiendo soberanía, independencia y seriedad en las conductas de los que acá estamos. La ilusión de progreso se ha ido desvaneciendo, con la pérdida de la esperanza de un provenir mejor, por la precariedad en la carencia y faltas, tanto de los medios como de los recursos necesarios para la vivencia en sana paz de equilibrio emocional, motivo por el cual, han colapsado muchas personas, sostenes de familia.
La dominación, por otra parte, aumenta la necesidad sobre promesas incumplidas disgregando los sectores sociales por la separación de los seres humanos dentro de este contexto, creando propias crisis, las que se van sumando unas a otras, en cada uno y entre todos, acarreando las crisis personales como grupales, lo que puede traer consigo lo peor desde todo punto de vista. Ya no se aprecia ningún tipo de regulación sociopolítica… lo que socava las bases sociales avivadas por la tensión, producto de la presión de hombres y mujeres en desespero por vivir holgadamente.
No contamos con una política de civilización, produciendo reacciones con efectos perversos, nuestros líderes nos han llevado a ser agresivos, porque arrebataron sin contemplación y sin producción, por lo que es pertinente la palabra en desuso: “improducción”, así es nuestra nueva escuela social, lo que ha generado una miseria interior, porque ahora, tristemente, somos más fuertes para valernos de la necesidad y del dolor ajeno. La cultura del venezolano se ha vuelto nada universalista, solo nos dirigimos hacia la salvación de cada quien, dejando de lado la bondad y humanidad.
Vivimos por el afán de lucro, sin considerar las dimensiones humanas, generando la desintegración. Ello se aprecia cuando hacemos una cola para sacarle el provecho al cobrar por un puesto que beneficie a otro, cuando en realidad lo que vemos es el beneficio propio porque, luego, llegan muchas personas más tarde y que no iniciaron dicha “cola”, propiciando los conflictos entre las partes que interactúan, mientras esperan horas por un alimento, o por un dinero en efectivo en un banco. Bueno, estamos vendiendo y comprando nuestro propio dinero en cantidades exorbitantes.
De igual manera, ya no respetamos los espacios individuales, viviendo en conflictos constante por la “ley del más fuerte”. Lo que nos ha hecho jugar con la salud de los demás, mientras más se requiere un medicamento más costoso lo vendemos (eso de la oferta y la demanda) aunque no sabemos de esa expresión. Escondemos todo, dicen algunos “desaparecieron”, aunque todo sigue estando ahí, y a la vista de todos, para poder entregarlo al mejor postor como si estuviésemos subastando lo que nos nutre o nos sirve, en las dependencias públicas, con el fulano “matraqueo” o el “bachaqueo”. Así pudiéramos exponer más ejemplos de vidas vividas por este servidor y de cualquier ciudadano de a pie, porque se hacen repetitivas estas acciones y actitudes que destruyen internamente al ser y al país.
Estamos minados de fuerzas interiores fundadas en valores (o como dicen muchos, antivalores) de irrespeto, falta de consideración, de ningún amor hacia el prójimo, mezquindad, la fuerza en el poder por el poder, ataques, egoísmo, intolerancias, impaciencias e irresponsabilidad, degradando la esencia del ser descuidando los aspectos ecologistas, al dejar de percibir una vida dentro del medio ambiente favorable para la buena toma de decisiones; lo que probablemente nos conduzca a estallar, como ya ha venido ocurriendo, solo que será de manera simultánea en toda la geografía del país, hasta los lugares más remotos y recónditos de la geografía de Venezuela.
Crear una conciencia, a lo cual estamos llamados, no sé si desde este momento o cuando “implosionemos” como nación soberana hacia la libertad del socialismo mezquino en el que nos han envuelto, para llevarla a otro nivel con bases sólidas en el reconocimiento de la diversidad y su unión para poder funcionar de la mejor manera planetaria, donde nos podamos involucrar todos en una red humanitaria, aun dentro la adversidad,  en un mundo de mayor conocimiento para la reflexión hacia las múltiples uniones en relaciones dialógicas, entre la diversidad y su diversidad, de su unidad, mezclados en una nueva concepción política, económica y social. Tenemos que andar con mucho cuidado porque “Sabiendo Jesús los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá” (Mateo 12:25).