AUTODESTRUCCIÓN DE UN PAÍS
Implosión Nefasta de Nuestra
Sociedad
Por Rafael Cristóbal Aponte Ávila cristobin221962@gmail.com
Para nadie, en
Venezuela y el mundo, es un secreto la situación que vive nuestro país desde el
punto de vista económico, social y político, lo que ha llevado al realce de la
creatividad organizativa de los ciudadanos que estamos y estaban en él, para la
subsistencia. El ingenio ha prevalecido frente a tal adversidad, cosa que no es
un problema en condiciones favorables para la evolución social desde el
autodesarrollo aplicado al contexto donde se habita o se ejercen los variados
desempeños, públicos y privados.
Esa situación no nos
ciega, al contrario, da luces como alternativas de salida a escenarios
difíciles para ganarle a la vida, en la recuperación de espacios para hacer
andar una patria; sin embargo, lamentablemente, ha ocurrido todo lo contrario
propiciando la crisis más fuerte en toda nuestra historia, según los
especialistas en la materia, perdiendo soberanía, independencia y seriedad en
las conductas de los que acá estamos. La ilusión de progreso se ha ido
desvaneciendo, con la pérdida de la esperanza de un provenir mejor, por la
precariedad en la carencia y faltas, tanto de los medios como de los recursos
necesarios para la vivencia en sana paz de equilibrio emocional, motivo por el
cual, han colapsado muchas personas, sostenes de familia.
La dominación, por otra
parte, aumenta la necesidad sobre promesas incumplidas disgregando los sectores
sociales por la separación de los seres humanos dentro de este contexto,
creando propias crisis, las que se van sumando unas a otras, en cada uno y
entre todos, acarreando las crisis personales como grupales, lo que puede traer
consigo lo peor desde todo punto de vista. Ya no se aprecia ningún tipo de
regulación sociopolítica… lo que socava las bases sociales avivadas por la
tensión, producto de la presión de hombres y mujeres en desespero por vivir
holgadamente.
No contamos con una
política de civilización, produciendo reacciones con efectos perversos,
nuestros líderes nos han llevado a ser agresivos, porque arrebataron sin
contemplación y sin producción, por lo que es pertinente la palabra en desuso: “improducción”,
así es nuestra nueva escuela social, lo que ha generado una miseria interior,
porque ahora, tristemente, somos más fuertes para valernos de la necesidad y
del dolor ajeno. La cultura del venezolano se ha vuelto nada universalista,
solo nos dirigimos hacia la salvación de cada quien, dejando de lado la bondad
y humanidad.
Vivimos por el afán de
lucro, sin considerar las dimensiones humanas, generando la desintegración. Ello
se aprecia cuando hacemos una cola para sacarle el provecho al cobrar por un
puesto que beneficie a otro, cuando en realidad lo que vemos es el beneficio
propio porque, luego, llegan muchas personas más tarde y que no iniciaron dicha
“cola”, propiciando los conflictos entre las partes que interactúan, mientras
esperan horas por un alimento, o por un dinero en efectivo en un banco. Bueno,
estamos vendiendo y comprando nuestro propio dinero en cantidades exorbitantes.
De igual manera, ya no
respetamos los espacios individuales, viviendo en conflictos constante por la
“ley del más fuerte”. Lo que nos ha hecho jugar con la salud de los demás,
mientras más se requiere un medicamento más costoso lo vendemos (eso de la
oferta y la demanda) aunque no sabemos de esa expresión. Escondemos todo, dicen
algunos “desaparecieron”, aunque todo sigue estando ahí, y a la vista de todos,
para poder entregarlo al mejor postor como si estuviésemos subastando lo que
nos nutre o nos sirve, en las dependencias públicas, con el fulano “matraqueo”
o el “bachaqueo”. Así pudiéramos exponer más ejemplos de vidas vividas por este
servidor y de cualquier ciudadano de a pie, porque se hacen repetitivas estas
acciones y actitudes que destruyen internamente al ser y al país.
Estamos minados de
fuerzas interiores fundadas en valores (o como dicen muchos, antivalores) de
irrespeto, falta de consideración, de ningún amor hacia el prójimo, mezquindad,
la fuerza en el poder por el poder, ataques, egoísmo, intolerancias,
impaciencias e irresponsabilidad, degradando la esencia del ser descuidando los
aspectos ecologistas, al dejar de percibir una vida dentro del medio ambiente
favorable para la buena toma de decisiones; lo que probablemente nos conduzca a
estallar, como ya ha venido ocurriendo, solo que será de manera simultánea en
toda la geografía del país, hasta los lugares más remotos y recónditos de la
geografía de Venezuela.
Crear una conciencia, a
lo cual estamos llamados, no sé si desde este momento o cuando “implosionemos”
como nación soberana hacia la libertad del socialismo mezquino en el que nos
han envuelto, para llevarla a otro nivel con bases sólidas en el reconocimiento
de la diversidad y su unión para poder funcionar de la mejor manera planetaria,
donde nos podamos involucrar todos en una red humanitaria, aun dentro la
adversidad, en un mundo de mayor conocimiento
para la reflexión hacia las múltiples uniones en relaciones dialógicas, entre
la diversidad y su diversidad, de su unidad, mezclados en una nueva concepción
política, económica y social. Tenemos que andar con mucho cuidado porque “Sabiendo Jesús los pensamientos de ellos,
les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa
dividida contra sí misma, no permanecerá” (Mateo 12:25).
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